Madrid, 22 de diciembre del 2025.- La alimentación tras una cirugía maxilofacial es un componente esencial para una recuperación segura y efectiva. Los procedimientos en la cavidad oral y la región maxilofacial, ya sean extracciones complejas, colocación de implantes, cirugías ortognáticas o tratamientos de regeneración ósea, generan inflamación, dolor y, en algunos casos, limitaciones funcionales temporales que requieren una adaptación de la dieta. Comer adecuadamente no solo favorece la cicatrización y la reducción de complicaciones, sino que también contribuye a mantener un estado nutricional óptimo durante el proceso de recuperación. A continuación destaco unas recomendaciones, más útiles para las próximas fechas navideñas.
Durante los primeros días posteriores a la intervención, la prioridad es evitar traumatizar la zona quirúrgica. Por ello, se recomienda una dieta blanda y líquida, que incluya sopas, caldos, purés, yogur, batidos nutritivos y compotas. Estos alimentos proporcionan hidratación, energía y nutrientes esenciales sin necesidad de masticar, lo que reduce el riesgo de sangrado, inflamación o desplazamiento de suturas. Es importante que los líquidos no estén demasiado calientes, ya que el calor puede aumentar la inflamación y favorecer el sangrado.
A medida que la cicatrización progresa, se puede introducir una dieta semiblanda, incluyendo alimentos como huevos revueltos, pescado tierno, arroz cocido, pasta bien cocida y verduras cocidas en puré o bien trituradas. Estos alimentos permiten al paciente reintroducir la masticación de forma gradual sin ejercer presión sobre los tejidos operados. La incorporación progresiva de proteínas magras es fundamental, ya que los aminoácidos son esenciales para la reparación de tejidos y la recuperación ósea.
Comidas a evitar en las primeras semanas
Existen alimentos y hábitos que deben evitarse estrictamente durante las primeras semanas postoperatorias. Los alimentos duros, crujientes o fibrosos, como frutos secos, pan tostado, carne dura o vegetales crudos, pueden traumatizar la zona quirúrgica, desprender coágulos o interferir con la cicatrización. Asimismo, conviene evitar alimentos muy ácidos, picantes o salados que puedan irritar las encías o la mucosa oral. El consumo de alcohol y tabaco debe suspenderse, ya que ambos retrasan la cicatrización, aumentan la inflamación y pueden provocar infecciones.
La hidratación también juega un papel clave. Beber suficiente agua favorece la circulación y ayuda a mantener las mucosas húmedas, reduciendo el riesgo de infecciones. Es recomendable evitar bebidas carbonatadas, muy azucaradas o con cafeína en exceso, ya que pueden interferir con la recuperación y favorecer la deshidratación.
En cirugías complejas, como la colocación de múltiples implantes o la cirugía ortognática, puede ser útil planificar comidas pequeñas y frecuentes, en lugar de pocas comidas abundantes, para facilitar la ingesta y reducir la fatiga masticatoria. Además, la incorporación de suplementos nutricionales líquidos o batidos fortificados, siempre bajo supervisión médica, puede ayudar a mantener los niveles adecuados de proteínas, vitaminas y minerales necesarios para la regeneración ósea y tisular.
Finalmente, es fundamental combinar la alimentación adecuada con las instrucciones postoperatorias del cirujano, incluyendo higiene oral, uso de antisépticos y seguimiento de revisiones. La alimentación tras una cirugía maxilofacial no solo es un medio para nutrirse, sino una estrategia terapéutica que influye directamente en la cicatrización, la prevención de complicaciones y la recuperación funcional y estética del paciente.

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