Mitos y verdades sobre la Cirugía Maxilofacial

Madrid, 17 de noviembre del 2025.- La cirugía maxilofacial es una especialidad médica que genera tanto curiosidad como respeto entre los pacientes. Con frecuencia, quienes llegan a la consulta lo hacen con dudas, temores o ideas preconcebidas sobre lo que implica una intervención de este tipo. En muchos casos, esos temores se deben a la desinformación o a la confusión entre distintos tratamientos odontológicos o quirúrgicos. A continuación, aclaro algunos de los mitos más comunes y explico la realidad detrás de esta especialidad que combina ciencia, precisión y cuidado del paciente.

Uno de los mitos más extendidos es que la cirugía maxilofacial se limita únicamente a la extracción de muelas del juicio. Si bien es cierto que este procedimiento es uno de los más frecuentes, la cirugía maxilofacial abarca un campo mucho más amplio. Incluye desde la colocación de implantes dentales y la regeneración ósea, hasta la corrección de deformidades faciales, el tratamiento de fracturas, quistes o tumores en la cara y los maxilares, así como cirugías ortognáticas que mejoran tanto la función masticatoria como la armonía facial. En definitiva, no se trata solo de “sacar muelas”, sino de restablecer la salud, la función y la estética del rostro.

Otro mito habitual es pensar que las intervenciones maxilofaciales son muy dolorosas o implican una recuperación larga y complicada. La realidad es que, gracias a los avances en anestesia, técnicas mínimamente invasivas y tecnología digital, los procedimientos son cada vez más precisos y cómodos para el paciente. En la mayoría de los casos, el postoperatorio se controla fácilmente con medicación y una correcta planificación. Además, el seguimiento médico personalizado permite reducir las molestias y acelerar la recuperación.

También se escucha con frecuencia que solo las personas con problemas graves necesitan acudir a un cirujano maxilofacial. Sin embargo, esta especialidad no se limita a los casos complejos. De hecho, muchos pacientes acuden por motivos preventivos o estéticos, como mejorar la mordida, solucionar un desgaste dental causado por una mala posición mandibular o corregir pequeñas asimetrías faciales. En todos los casos, el cirujano maxilofacial estudia de forma global la salud de los huesos, músculos y articulaciones faciales para ofrecer una solución integral.

Existe además la idea errónea de que este tipo de cirugías dejan cicatrices visibles. Hoy en día, la mayoría de las intervenciones se realizan desde el interior de la boca, evitando cualquier marca externa. Cuando es necesario realizar incisiones en la piel, se planifican cuidadosamente en zonas poco visibles y con técnicas de sutura que garantizan un resultado estético óptimo. La prioridad es siempre conservar la naturalidad del rostro y la comodidad del paciente.

Otro mito que genera inquietud es el de que estas cirugías son exclusivamente estéticas. Aunque la cirugía maxilofacial puede mejorar notablemente la apariencia del paciente, su principal objetivo es funcional: restablecer una correcta mordida, facilitar la respiración, aliviar el dolor articular o recuperar el equilibrio facial tras un traumatismo. La mejora estética suele ser una consecuencia positiva del tratamiento, pero nunca el único fin.

Por último, algunas personas creen que una consulta con el cirujano maxilofacial solo es necesaria cuando el dentista lo recomienda. Lo cierto es que cualquier paciente puede acudir directamente, especialmente si experimenta dolor facial, dificultad para abrir la boca, alteraciones en la mordida, infecciones recurrentes o problemas estéticos que afecten su bienestar. La valoración temprana evita complicaciones y permite un tratamiento más eficaz.

La cirugía maxilofacial es una especialidad médica avanzada, segura y cada vez más cercana al paciente. Combina conocimiento médico, tecnología de vanguardia y sensibilidad estética para ofrecer soluciones que mejoran la salud y la calidad de vida. Desmontar los mitos que la rodean es el primer paso para comprender su verdadero alcance: una disciplina dedicada al equilibrio entre función, salud y armonía facial.

Deja un comentario